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Probióticos y prebióticos: por qué son tan importantes

Los prebióticos y los probióticos son dos tipos de alimentos funcionales muy importantes para el organismo, aunque su forma de actuar sobre él es diferente

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Yogur fermentado con probióticos

Cada vez más personas se interesan por averiguar y conocer qué compran, qué ingieren y la composición de los productos que compran habitualmente. Esto ha ocasionado no sólo que la salud mejore en muchos de nosotros, también que las tendencias alimentarias cambien y se empiecen a conocer productos y sustancias hasta ahora desconocidos. Este es el caso de los probióticos y los prebióticos.

Muchos de vosotros habréis oído hablar de los beneficios que estos microorganismos pueden aportarnos a la salud. También habréis visto muchas etiquetas de productos procesados afirmando que los incorporan. O quizá habéis comprado alguna revista o visitado algún blog que os hablan sobre sus virtudes.

Probióticos

Los probióticos son microorganismos vivos que ayudan a nuestra flora intestinal y por lo tanto suponen un beneficio para nuestra salud. Estos diminutos microorganismos resisten la digestión y siguen vivos dentro de nuestro cuerpo, de tal forma que protegen la microbiota intestinal.

Los probióticos han demostrado ser eficaces en situaciones que afectan al sistema digestivo, urinario, inmunitario y al bienestar íntimo de la mujer, como recoge la guía del SEFAC de actuación consensuada por más de 13 expertos de diferentes sociedades científicas.

Incluso algunos estudios, como el realizado por la National Library of Medicine, han demostrado que el consumo de probióticos puede ayudar a mejorar los síntomas de trastornos mentales como la depresión, la ansiedad, el estrés y la memoria, entre otros.

Prebióticos

Los prebióticos son una sustancia que nuestro organismo no puede digerir, pero que sirven de alimento a nuestras bacterias -buenas- y por lo tanto suponen un beneficio para nuestro organismo. Lo que sucede con los prebióticos en nuestro estómago es una sencilla fermentación cuyo resultado es beneficioso para los microorganismos.

Tal y como dice muy acertadamente el dicho “somos lo que comemos”, cada bocado que damos va directo al interior de nuestro organismo proporcionándonos una serie de beneficios o ocasionando alguna que otra molestia.

¿Qué es la microbiota intestinal?

Hay billones de bacterias en nuestro intestino, algunas buenas y otras no tanto. En conjunto, se conocen como nuestra microbiota intestinal.

La microbiota intestinal sirve para protegernos de los agentes externos que invaden nuestro organismo vía oral. Por supuesto también se encargan de asimilar los nutrientes necesarios para el buen funcionamiento de nuestro cuerpo. En definitiva, la microbiota nos protege y su buen estado resulta garantía para una buena salud.

Por desgracia, actualmente los consumidores siguen ingiriendo muchos productos procesados, los cuales combinados con el estrés y los medicamentos afectan al buen estado de la microbiota. Cuando esta falla, nuestro cuerpo queda desprotegido antes todo tipo de virus y gérmenes. Es decir, nuestras defensas bajan y, por ende, nuestra salud se ve afectada.

De ahí que los probióticos y los prebióticos resulten tan importantes e imprescindibles. Ellos son los encargados de reforzar la microbiota. De hecho, no es nada extraño que muchos médicos recomienden a personas que acaban de pasar un proceso viral (gastroenteritis, por ejemplo) que ingieran yogures o productos fermentados, como el kéfir.

¿Dónde podemos encontrar probióticos y prebióticos?

Tanto los probióticos como los prebióticos pueden encontrarse en cápsulas y pastillas, a modo de suplemento alimenticio de venta en herbolarios y farmacias. No obstante, su formato más común y cómodo, sobre todo para nuestro bolsillo, son los alimentos naturales.

En concreto, si queremos consumir probióticos, los alimentos fermentados son nuestros aliados. El yogur, el kéfir, el chucrut, el kimchi y el umeboshi, entre otros, resultan grandes fuentes de estos microorganismos. En definitiva, los productos o ingredientes que los contienen se caracterizan por tener unos sabores fuertes, salados, ácidos y amargos.

Si lo que queremos es consumir prebióticos, entonces debemos poner en nuestra lista de la compra productos como los plátanos, los tomates, el ajo, el brócoli, la remolacha, entre otros. Para conservar sus propiedades intactas, lo más recomendado es comerlos crudos o poco cocidos. De esta manera tanto su estado como su ingesta por nuestro intestino resultará más beneficiosa para los probióticos.

Conclusión

Tanto los probióticos como los prebióticos ayudan a restablecer el equilibrio de las bacterias en nuestro intestino para que las bacterias «buenas» estén siempre en control de nuestro sistema inmunitario. Mientras que los probióticos son, en sí mismos, una forma de bacterias buenas que se introducen en el sistema, los prebióticos son ingredientes alimentarios no digeribles que actúan como fertilizantes para estimular el crecimiento de las bacterias buenas que ya están presentes allí.

Así pues, ya sabes qué ingredientes y productos deben estar en tu lista de forma obligada si quieres tener unas defensas fuertes y un organismo más cuidado.

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